Xampurria: el desprecio mapuche

Por Fernando Pairican

Javier Milanca, autor de Xampurria. Somos del Lof de los que no tienen Lof, fue premiado como una de las mejores obras publicadas en el año 2015 en la categoría cuento. Como director de la Colección de Pensamiento Mapuche Contemporáneo, de Pehuén Editores, es un privilegio poder contar con la pluma de Javier, quien confió y aceptó ser parte de este proyecto colectivo en un lejano bar llamado “El Arriero”, en Panguipulli. Un proyecto que ha sido posible gracias al trabajo y dedicación de Daniel Blanco, Ana María Moraga y Marcela López, entre otros.

Sobre la colección, el libro del coordinador Jorge Pinto, Conflictos étnicos, sociales y económicos en La Araucanía, también ha sido premiado como el mejor libro editado. Un reconocimiento a la editorial por su trabajo y por la propuesta en el pensamiento.

Comparto con ustedes la presentación que escribí hace un año en honor a Javier Milanca que me ha enseñado mucho de la literatura, de la poesía y de cómo mantener la humanidad en tiempos de deshumanización. ¡A tu salud, querido Javier Milanca!

Xampurria: el desprecio mapuche

I

Conocí a Javier Milanca en unas jornadas de estudios sobre pueblos originarios en la USACH. Ya había escuchado de él a partir de Millaray Garrido Paillalef, ya que Milanca había escrito un poema en apoyo a José Huenuche, privado de libertad y en huelga de hambre en el año 2010. Habían en aquella jornada connotados exponentes de la mapurbidad, entre otros, David Añiñir, quien leyó para ese tiempo su inédito poema “XXX”. Como yo jugaba de local, me preguntaron dónde podíamos ir a beber unas cervezas para hacer lo que hacen los mapuche: hablar…y chupar: caminamos hacia el “Huaso Carlos”.
Las cervezas dieron paso a las jarras de vino; la jarra de vino de repente cambió a jarra de chicha y luego volvió a ser vino.
Todos hablábamos. Hasta que alguien hizo sonar una guitarra, era una chica con pinta de metalera. Milanca no aguantó y pidió la guitarra. Ya tenía bastante petróleo tinto en el cuerpo para echar a andar el motor de la canción. Comenzó con los mexicanos que hacen llorar a cualquier viejo de campo: Pedro Infante y el ídolo de multitudes Antonio Aguilar. Luego aplicó rancheras. Era Milanca unplugged. Fue en ese momento que miré a Aniñir, levantando los vasos, ¡salud! pa’ allá y salud pa acá. La dueña de la guitarra de repente pregunta, “¿son mapuche?”, Milanca dice “¡sí!”… “yo también”, dice ella, y ya todo se estaba prendiendo. En ese crucial momento pensé: “si no me voy ahora, no llegaré nunca a casa”. Y la determinación final fue cuando el dueño del bar, un viejo que no se ríe ni con un premio de lotería, mando cervezas de regalo por las canciones. No, todo estaba demasiado bien, pensé. Así que me paré, me despedí y escapé a casa a salvar mi matrimonio. No salté al abordaje como Prat, no fui el héroe de la jornada.
Me reencontré con Milanca en Panguipulli. Le presenté un nuevo bar, “El Arriero”, le dije que era piola, que se notaba que iba la gente de paso para volver al campo. Harto mapuche en particular y que el dueño era re malas pulgas, de hecho, la primera vez que fui nos miró tanteando que onda ustedes. Luego lo vi echando a un curado jugoso. Porque en el sur si que son jugosos con copete. La cosa, es que fui con Milanca. Esta vez el dueño estaba tocando guitarra, unas rancheras. Con Milanca comenzamos a darle a la conversación, y pidió la guitarra. El dueño lo miró raro, luego aceptó. Milanca repitió el repertorio de un año antes: atacó al corazón de la frustración: con Antonio Aguilar y Pedro Infante. Ví cuando unos viejos de una mesa pararon de hablar para escuchar, otro lloraba mientras Milanca seguía apuñalando al sufrimiento. Terminado: dos cervezas nos llegaron. Luego otro le pagaron a Milanca con cervezas para que cantara. Y caché una vez más que todo iba para largo.
El dueño del “Arriero” era mapuche, nos contó su historia, la de su duo que había terminado abruptamente por la muerte de su acompañante. Aún no podía encontrar un compañero para volver a las presentaciones en vivo. Lo más interesante, comenzamos a darle al tema político mapuche. El dueño del Arriero nos dijo que tenía unas rancheras a favor de la lucha mapuche, ¡y las cantó!; verdadera sabiduría de un nacionalista mapuche. Con Milanca quedamos plop. ¿Te acordai, Javier?
Fue en ese bar y en base a estas experiencia que comenzamos a imaginar este libro. Milanca llevaba varios escritos, algunos auto publicados, otros sacado en libros apoyados por alguna municipalidad. Pero creo que lo más trascendental de la conversación fue que le tiramos como una hora de mierda a los mapuche que se creen que tienen linajes limpios. ¿Dónde viene su tuwün? ¿y su kulpame?, son las primeras preguntas que te ponen en la mesa, los mapuche con linaje. Uno tiene que xampurriar ideas para no parecer tan cuma entre tanta búsqueda de aristocracia étnica. “A es que yo soy descendiente de Longko”, “es que yo vengo de una familia que tuvo muchas tierras” y así largos ejemplos de linaje puro cual estilo clase alta chilena. Como Milanca y yo somos entero resentidos, comenzamos a hablar del Xampurria. Y Milanca en esos momentos de lucidez dice “yo reivindico al Xampurria, yo escribo desde lo Xampurria”. Y le dimos vuelo a la idea que hoy se concretiza en este libro: “Xampurria somos del lof de los que no tenemos lof”. Una idea Milanca de principio a final.
II
Xampurria es un desprecio mapuche. Si alguien te dice Xampurria no te está diciendo “hola amigo, te quiero porque eres genial”. No, te está diciendo tú no eres mapuche, eres un vil chileno. Y el chileno te dice “indio”, y con ello te dice tú eres un vil mapuche. Y ahí quedamos al centro de la esquizofrenia. Violentados por ambos lados.
Me parece que los escritos de Milanca tienen mucho de esta cruda realidad. Es un libro que encanta por su dureza, sus cambios abruptos en las historias. Tal vez por ello, la editora Ana María Moraga lo describió como “barroco”. A mí, en momentos me asemejaba al posible guión de “Relatos Salvajes”, la película argentina estrenada el año pasado. Una historia de la cotidianidad en que por distintas variables va modificándose hasta terminar gestando psicópatas. En lo personal, si viera al Lumalonko del primer epew del libro, cruzo la calle. No podría dormir en la misma cama de Amelia Mariman, después de su cazuela. Y así, otros cuentos que son testimonios de una vida xampurriada de la marginalidad pasadas por el barniz del cerebro de Milanca que da fruto a estas historias góticas. Lejos del Wallampu ideal, de ese Wallmapu que nos habla de un mundo verde, cordilleras nevadas y los seres humanos labrando la tierra sin conflictividades antes de la desposesión material de nuestra subsistencia: la tierra. Tal vez no sea tan real como la poesía histórica de Jaime Huenún en “Reducciones”. Posiblemente tenga más de David Añiñir, pero yo creo que estamos ante un texto y un pensador que tiene vida propia. Que se sube a los hombros de otros, pero no para copiar y pegar. No es el clásico poeta que uno encuentra en las afueras de la casa cuica de Neruda de Isla Negra, arrinconando a la gente para que les compre sus libros que al primer “hola” te dejan pegados a la Diógenes casa de Neruda.

Me salí del tema. Vuelvo.

Me gusta el libro de Milanca por ese trans que lleva adentro: transregional, transétnico, transcultural. Que nos lleva por distintos lugares, regiones y comunas en búsqueda de esa perpetuidad cultural que ha soportado los cambios estructurales de la humanidad. Que ha resistido al capitalismo que te busca disciplinar para forzarte a trabajar sin cesar. Milanca nos lleva, a mi parecer -hablo como profesor de historia en esta parte-, a esos rasgos de la época colonial que han perdurado, que revientan para los 18 de septiembre en las fondas o chinganas. Ese “bajo pueblo” que se puede encontrar en distintos lugares, que tiene esas miradas, gustos, cultura de la fiesta, sufrimientos, frustraciones y deseos. Tal vez un “bajo pueblo” que va en vía de extinción ante la arremetida del bajo pueblo neoliberal, más egoísta, patotero, indivudalista, marquero y vuelto loco en el consumo. Que le gusta el Whisky porque los cuicos lo toman.Que se compran tremendos autos para que los amigos de la población los vean. Que quieren imitar a las clases acomodadas, diluyéndose con ellos los valores transgresores del bajo pueblo que Milanca nos relata en Xampurria.
III
Como Director de la Colección de Pensamiento Mapuche, cargo heredado desde José Ancán, nos sentimos orgulloso que Xampurria. Somos del lof de los que no tenemos lof, sea el segundo libro de esta jovial colección. Que Javier se incorpore a los autores de la editorial Pehuén. Esperamos que este libro no sea el punto de llegada, sino el inicio de una carrera ascendente. En ello, el trabajo es la clave y la siempre necesaria humildad en un país que se pierde, se diluye rápidamente a la primera salida en público. Yo creo que la culpa es de Sábados Gigantes, lo he dicho en otras oportunidades, 200 años de república y 50 años de Sábados Gigantes dice mucho de la cultura de la basura que las elites buscan imponer a los de abajo. Pero sobre todo, que algunos se enriquezcan al punto de aparecer entre los millonarios más millonarios a costa de mofarse de los sectores populares. En hora buena que se cerrará ese programa. Lástima que aún nos queda mucho don Francisco por delante. No quiero imaginar como será el velorio y luego funeral. Será tremendamente popular.
Qué terrible.
Me salí del tema.
Una vez más.
Peñi Milanca, a nombre de Pehuén Editores, tratando que el espíritu del Director de la editorial Sebastián Barros me invada para darte las últimas palabras: que la fuerza lo acompañe en este sendero de letras xampurriadas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s