Estéticas y significaciones de lo Xampurrio en la obra de Javier Milanca

Texto de la presentación de la obra de Javier Milanca realizada en la Fiesta de los Abrazos, Partido Comunista. Parque O’Higgins, Santiago, 9 de enero de 2016

 

Por Margarita Alvarado Pérez

Profesora e investigadora del Instituto de Estética del Centro de Estudios Inetrculturales (CIIR) de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

Muchas gracias por esta invitación para, yo no diría a presentar, porque a mi parecer resulta muy presuntuoso, si no que más bien diría a conversar –intentando poner en práctica este arte que es tan apreciado y sabiamente utilizado en el mundo mapuche– sobre este libro XAMPURRIA. Somos del Lof de los que no tienen lof, de Javier Milanca Olivares, a quien ahora tengo el gusto de conocer personalmente, porque ya lo conocía por su obra.

Efectivamente, ya habíamos tenido la oportunidad de sorprendernos con la expresión incisiva e irreverente de este profesor de Historia y Educador Intercultural, nacido en el sur… sur, en la ciudad de Los Lagos, tierra de selvas y ríos, en donde al parecer prefirió los clásicos del recreo a los clásicos de las clases de castellano, como afirma el narrador en su cuento “El resto no es literatura”. Lo conocimos, primero, por sus Historias Bellacas, en las que relata dramáticas experiencias vividas por los mapuche despojados de su tierras y, segundo, por su texto titulado Kiltros, en el que pone de manifiesto los conflictos de la nación mapuche y el Estado chileno.

Hoy tenemos la oportunidad de conocer esta obra de este creador publicada por Pehuén Editores en su colección Pensamiento Mapuche Contemporáneo, donde también podemos encontrar el texto Mapurbe, Venganza a Raíz del poeta David Aniñir, brillantemente prologado por el historiador y teórico del arte José Ancán. A ellos se suma, en esta misma colección, el texto Malón. La Rebelión del Pueblo Mapuche 1990 – 2013, del historiador Fernando Pairican, que se presenta también hoy, aquí.

Conjunto de creadores e intelectuales mapuche contemporáneos acogidos por esta editorial, que, si se me permite decirlo, constituye un espacio fundamental en la difusión de las culturas y tradiciones de los pueblos originarios, al publicar permanentemente en los más diversos formatos y géneros, obras, investigaciones y estudios producidos por indígenas y no indígenas respecto de estas temáticas.

Una de las consecuencias más inmediatas de la ocupación de los territorios mapuche por parte del Estado chileno a fines del siglo XIX, bajo la mal llamada “Pacificación de la Araucanía” fue, precisamente, la usurpación de sus espacios y su habitar y, por lo tanto, el desmembramiento de la sociedad mapuche de ese momento. Las acciones que comprometieron esta situación incluyen no solo la violencia militar, sino también el arrebato de las tierras mapuche a través del engaño, las compras fraudulentas y la ocupación de hecho a través de la instalación de colonos, comerciantes y aventureros que llegaron a pueblos y villorrios que se fueron construyendo en las regiones del Bíobio, La Araucanía y Los Ríos.

La pérdida de sus territorios, junto con diversas consecuencias sociales y políticas –como la desarticulación de las antiguas relaciones parentales y de linaje– implicó también el desplazamiento de muchos mapuche a las ciudades, en los conocidos procesos migratorios de fines del siglo XIX y comienzos del XX, los cuales han continuado hasta el día de hoy, como lo demuestran los cuentos de Xampurria.

Estos desplazamientos trajeron entonces profundos cambios en la cultura mapuche que se expresaron y expresan entre muchos aspectos en variaciones, reconversiones y transformaciones, a veces impuestas, a veces asumidas, poniendo en evidencia dinámicas de hibridación e interculturalidad. Muchas de estas dinámicas se manifiestan en estéticas asociadas a sistemas de sentido tan trascendentales como los textiles, sobre todo en el ámbito de la indumentaria; o también aquellos gestos y formas de protocolos sociales vinculados a estéticas del habitar y el transcurrir, siendo los espacios y tiempos del mundo rural trastocados y tergiversados por los del mundo urbano. Y, por sobre todo, se manifiestan en el lenguaje y las modalidades narrativas, ámbitos en los que se observa con mayor fuerza y dramatismo los traspasos, veladuras y surgimiento de nuevas expresiones del hablar y el relatar en el mundo mapuche.

Estos son los aspectos y problemáticas que Javier Milanca aborda tenazmente en este libro. Desde la visualidad de la portada ya se nos plantean las transformaciones y desafíos que este autor quiere instalar, para demostrarnos que la cultura y el pueblo mapuche están vivos aquí y ahora; y que no son un fósil de museo. Muy por el contrario su vitalidad es tan potente que se puede observar que el mundo mapuche siempre está poniendo en evidencia sus tradiciones, pero también creando y recreando su cultura.

margarita-alvarado

Al observar a Daniella Milanca en la fotografía de su autoría que está en portada –a quien agradece llamándola cariñosamente “mi hermanita”– vistiendo un trarülongko tejido y una chaqueta con el cuello subido, ya tenemos un primer fogonazo de las provocaciones que este escritor quiere poner ante nosotros. En nuestro imaginario la mujer mapuche, siempre se nos aparece llevando su vestido küpam y su capa ikülla y exhibiendo su trarülongko de plata junto al resto de sus joyas. Todos sabemos que la indumentaria textil mapuche, junto a los adornos de plata como complejos sistemas estéticos y de significación, tienen profundas implicancias en relación a pertenencias étnicas y culturales. Al proponernos una visualidad donde se transforma esta imagen de la mujer mapuche bajo otros códigos indumentarios, Milanca nos arroja a nuevas identidades y trascendencias respecto de la apariencia femenina.

Ya en los años 50 Frederic Buytendijk nos decía: “Sólo por su vestido el hombre es hombre. Quien pierde sus vestidos, pierde todo: pierde su valor, se pierde a sí mismo, su mirada, su humanidad”. Aquí, bajo esta nueva propuesta, que mucho podían leer como una irreverencia, este autor instala nuevas estéticas, demostrándonos cómo es posible por medio de diversos desplazamientos –el trarülongko que viste Daniella es considerado tradicionalmente un prenda masculina– no solo que se produzca un extravío, si no también que es posible crear un nueva humanidad, la humanidad del Lof de los que no tienen Lof.

Pero el espacio fundamental donde se expresarán las más diversas condiciones humanas es en los textos de sus cuentos, género complejo y sobre el cual mucho se ha dicho, como por ejemplo el tradicional Decálogo del perfecto cuentista de Horacio Quiroga, o las reflexiones de Julio Cortázar en Aspectos del Cuento. Aquí Milanca ya nos conduce en una dirección específica al nombrar sus relatos con letra grande e indesmentible como Epew. Para los conocedores de la cultura, sabemos que un epew es una forma de narración oral que se practicaba muchas veces junto al fogón, en las reuniones familiares. Al nombrar sus relatos como epew, esta “cuentista” nos está desplazando al mundo de la narración escrita, impresa en un libro. He aquí, entonces, otro cambio interesante en los sistemas de sentido propios del mundo mapuche desde un habla a una escritura, pero en el que la palabra sigue siendo el soporte trascendental; los habitantes del este Lof exhiben, así, nuevas estéticas en la conformación de sus historias que nos llegan a través de la palabra punzante y afilada de este autor.

Personajes, situaciones y territorios van conformando los escenarios donde se despliegan estos epew. En este complejo universo llama especialmente la atención las modalidades que Javier Milanca tiene de emplazar en nosotros ciertos lugares que implican y contienen espacios específicos. Como guijarros que alguien va lanzando río, arroja al torrente de sus relatos, nombre de lugares, ciudades y pueblos que nos permiten, rápidamente, posicionarnos en un territorio donde inevitablemente se enfrentan el universo urbano y rural, o se impone una supuesta civilización sobre los desplazados del campo y los marginales, todos habitantes de mundos paralelos y extremos como queda dramáticamente en evidencia en el cuento “El lumalonko”.

Hoy es sabido la importancia étnica, cultural, política y social que tiene el territorio para el mundo mapuche. Centro y motivo de sus luchas desde el comienzo de la usurpación del siglo XIX, hoy más que nunca, el mapu como territorio resulta fundamental ya que constituye el espacio y escenario para acoger tradiciones y expresiones heredadas de los antepasados, para ser trasmitidas a los descendientes, marcando así aspectos trascendentales de la identidad mapuche.

Siempre se piensa que en el mundo rural, las estéticas del habitar presentan expresiones que no es posible replicarlas en el mundo de la ciudad. Sin embargo, la posibilidad que un territorio urbano contenga matices y signos de esas estéticas se despliega en los relatos de Milanca, en los que las formas y significaciones de los espacios cambian vertiginosamente. Tal como lo demuestra en el cuento “Los tiuques de la nevada”, en el cual un niño observa cómo los tiuques de la Población Nevada dejan de volar cuando cortan las plantaciones de pino, “esos árboles venidos de afuera” [..] “invasores en tierras de wayes y mañíos” como los define en el relato. Esta ausencia le gatilla un conflicto existencial al protagonista y se pregunta “¿Cómo podré conciliar el sueño y la realidad ahora que los gritos de los tiuques ausentes no me avisan ni me señalan que aún estoy vivo?”. Del habitar en la selva se produce un desplazamiento al habitar de una plantación artificial de árboles, sin embargo, la relación simbólica con la naturaleza y sus signos, que por siglos ha tenido y mantenido el mapuche, permanece con toda su trascendencia.

Estas implicancias estéticas se pueden manifestar también en el mundo urbano. Esto me recuerda una vivencia. Elicura Chuihuailaf en su Recado Confidencial a los Chilenos, cuenta: “Por último, ingresé a la Universidad de Concepción y obtuve un título. Debo decirle que -como a mi gente y a tantos de los suyos (chilenos)- no me fue fácil la ciudad en la que transcurre hoy parte de mis días. Ahora, cuando paso por sus calles o avenidas, me da pena la tan marcada frontera entre la suntuosidad y la miseria iluminada por sus Mall y sus McDonald´s. Pero me agrada el verdor de sus árboles en primavera o sus hojas cayendo y suavizando el cemento de sus aceras siempre bajo la luna de los brotes cenicientos. También los treiles, los tiuques, y de cuando en cuando alguna rakiñ, bandurrias pasan por allí: cantando, graznando, en medio del tráfago de los automóviles. Es, como sea, la tierra de mis antepasados, me digo. … Por eso, tengo la permanente impresión de que nunca me he alejado de mi mundo, porque siempre estoy dialogando con él, con su memoria. Es aquí donde yo pertenezco. Pertenezco al Pueblo mapuche”.

Esta certidumbre de pertenencia a través de un territorio está presente en los relatos de Milanca, aunque ese territorio no se explicite. Hay una estética del habitar que se hace evidente en una variada y compleja galería de personajes que viven experiencia e historias dramáticas, divertidas o tragicómicas. Está presente en unas estéticas y significaciones “champurriadas”, de las indumentarias, las palabras y los territorios, en las que se entrecruzan viejas tradiciones con nuevos desafíos, tanto para el pueblo mapuche como para todos en general donde podemos reconocernos en nuestra propia condición champurria, meztiza, diversa, que muchas veces queremos silenciar.

Parte de los abusos y discriminaciones que se ejercen sobre el pueblo mapuche hoy día pasan por la ignorancia y el desconocimiento. Estos escritos de Milanca, como dice Fernando Pairican en su presentación, no solo “nacen para incomodar, pero con el propósito de fortalecer el proyecto de liberación nacional mapuche”, sino también para levantarse como una contribución trascendental para terminar con todo tipo de inadvertencias e invisibilizaciones.

Hoy, en este espacio de diálogo abierto, aquí en este Fiesta de los Abrazos a la que acuden miles de personas que aún creen que otro mundo es posible, hemos vencido una vez más parte de ese desconocimiento del pueblo mapuche y sus realidades que tan magistralmente se nos presentan en estos cuentos de Javier Milanca, inaugurando nuevas estéticas y significaciones de los “champurrio”.

Para hacer efectivo su mensaje el desafío es, entonces, y como dice David Aniñir:

ir, hacer y decir

acción directa

recuperando memoria

levantando la vista

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