Comentario de Natalia Caniguan sobre Mujeres y Pueblos Originarios: “este libro nos trae nuevamente el rol y espacio de la mujer”.

el

 

Si nos remontamos a lo que la historia nos ha transmitido y lo que escuchamos hoy de las mujeres mayores, se reconoce la existencia de una fuerte patriarcalidad como sistema de relación social que ha vivido el pueblo mapuche, situación además extrapolable a gran parte de los pueblos originarios, al menos, de América Latina. Bajo este modelo muchas veces la mujer pasó a ser considerada dentro de sus pueblos como un bien de cambio, un elemento sellador de alianzas etnopolíticas, entre otras muchas realidades y vivencias. Asimismo, muchas veces se nos habla del rol de la mujer dentro de lo doméstico, de la complementariedad con el hombre, de su quehacer como portadora de cultura; no obstante, también han sido vivencias cargadas de desigualdades, relaciones asimétricas y violencias que se han permanecido en el tiempo y hasta naturalizado a veces en pos de lo que sería la “cultura”.

Así, la vida de la mujer perteneciente a pueblos originarios ha estado vinculada en nuestro imaginario al ámbito de lo doméstico, lo que ocurre dentro del hogar, la relación con los niños, la atención del esposo, la mantención de las huertas y, en fin, a todo aquello que ocurre en el ámbito privado de la vida. El texto que nos habla acerca de la realidad de la “nana mapuche” nos evidencia cómo la mujer, a pesar de encontrarse dentro de un nuevo campo que es el espacio laboral, continúa vinculada a lo doméstico, lo intra, lo familiar. Inclusive saliendo de su hogar, vuelve a quedar recluida en otro hogar.

Es así como la lectura de este libro nos trae nuevamente el rol y espacio de la mujer, pero esta vez fijándonos nuevas esferas y campos de acción; nos da cuenta de la mujer pública, de aquella que salió del espacio habituado y pensado – por otros– para ella, cuestionando de esta manera lo “normal”, generando una irrupción, por supuesto, no exenta de tensiones que nos llevan a mirarnos y pensar en nuestro actuar e inserción en la sociedad en pleno siglo XXI.

Hoy, las mujeres indígenas se (nos) desenvuelven en diversos espacios, se han constituido como intelectuales, académicas, dirigentes políticas y dirigentes de base; desde las comunidades ya comienzan a alzarse como presidentas de sus comunidades o de las orgánicas presentes en sus territorios, fijándose como nuevos actores de la esfera pública por mucho tiempo entendida como el espacio del poder y lo masculino. Se transgreden y evidencian, de esta forma, las asimetrías que nos parecían naturales; la cultura pierde su noción estática y nos da cuenta de nuevos procesos que es necesario continuar y alentar.

Esta nueva presencia se nos cruza con la consciencia cada vez mayor acerca de la, muchas veces, doble o triple discriminación que vive la mujer indígena por su condición de género, etnicidad y sector donde reside. No obstante, estamos llamadas a ir más allá de ese reconocimiento y trabajar por salir de lo privado y lo doméstico, situarnos en lo público, romper la “tradición” con que se nos ha definido y ello dará cabida a la comprensión de las nuevas identidades de género, las nuevas formas de ser mujer y actuar y no por ello perder nuestra ascendencia originaria.

 Por Natalia Caniguan Velarde

Antropóloga/ Directora Instituto de Estudios Indígenas, Universidad de la Frontera

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s