La sociedad fragmentada de la Araucanía

Presentación de Ana Rodríguez, periodista y coautora de “La Frontera. Crónica de la Araucanía rebelde”, para el libro “Plurinacionalidad. El nuevo pacto” de Francisco Huenchumilla.

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La primera vez que hablé con Francisco Huenchumilla fue un telefonazo. Yo era reportera de un semanario, él había sido nombrado Intendente y lo primero que había hecho como tal era pedir perdón al pueblo mapuche y a los colonos en nombre del Estado chileno. Un gesto inédito que empezó a movilizar las miradas hacia él. Era mayo del 2014 y Huenchumilla decía en esa entrevista, entre otras potentes verdades, que “en la Araucanía tenemos una sociedad fragmentada” y que la naturaleza de este problema era político. Desde esa llamada telefónica en adelante creo que lo entrevisté un par de veces más, una de ellas en su oficina de la Intendencia en Temuco.

Lo que Huenchumilla hablaba sobre la sociedad fragmentada que hay en Araucanía y Biobío fue uno de las hipótesis centrales de “La Frontera”, el libro de crónicas periodísticas que publicamos con Pablo Vergara en septiembre del 2015. En nuestro libro dijimos que, si antes la frontera –Pinochet la llamó nuestra “frontera interna”-la marcaba físicamente el río Biobío, hoy esa frontera es una línea invisible trazada sobre un territorio complejo, donde conviven actualmente empresas forestales, comunidades mapuche, colonos y parceleros. Esta frontera es ideológica, es real, y está en constante reforzamiento. Está incluso –y más que nunca- en las ciudades.

Por eso en esa época, el 2014, era tan relevante que Huenchumilla apareciera como figura política potente a levantar discursos políticos en la pauta nacional.

Y por eso fue tan tremendamente lamentable que, al poco andar, fuera destituido de su rol en la intendencia. Su paso por ese cargo nos dejó sin embargo un contundente documento, hoy incluido en este libro Plurinacionalidad, donde Huenchumilla evidencia el trabajo que realizó, volcado en una propuesta de autonomía política y plurinacionalidad. Esta propuesta al gobierno que emitió Huenchumilla acto seguido de ser removido de su cargo constituye hoy, junto a los demás escritos incluidos en “Plurinacionalidad. El nuevo pacto”, valiosísimos elementos para aportar a un debate político.

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Dice Fernando Pairican en el prólogo de este libro que los hechos de Lumaco en 1997 modificaron para siempre el contexto histórico y las relaciones de poder entre el Estado y el pueblo mapuche. Creo que es así y creo también que esa frontera, ese divorcio entre el poder político y la ciudadanía que hoy en día nos preocupa tanto en el contexto político actual, esa fractura en gran parte debida a la mezcla –o la captura- de la política por los negocios, tuvo un antecedente claro en esos hechos de hace veinte años. La quema de tres camiones de la forestal Arauco en Lumaco, ha señalado también Pairican, fue una respuesta –no diseñada previamente- a la violencia estructural que padece el pueblo mapuche desde la Ocupación de la Araucanía. Una violencia que es económica, simbólica, política, racial y de clase, porque en nuestro país el racismo tiene un alto componente clasista. Y es ese racismo-clasismo el que ha cegado los ojos de la clase política chilena y cerrado de esta manera la posibilidad de abrir espacios de diálogo y encuentro. Porque proponer sólo dos caminos, el de la represión o el de la “participación” e “inclusión” del pueblo mapuche al país a través de espacios laborales ligados al turismo resulta a lo menos irrespetuoso ante un pueblo que tiene la tradición histórica de parlamentar.

Cuando hace un par de años estallaron los casos Penta y SQM, entre otros casos de corrupción y colusión, la respuesta institucional inmediata fue crear una comisión encargada de preparar un conjunto de medidas que no sólo hicieran frente a la crisis, sino que además la aprovecharan como una oportunidad de establecer nuevos parámetros en pos de una democracia más sana. Varias de esas propuestas son proyectos de ley, otras ya son realidad. Cuando Francisco Huenchumilla tenía lista su propuesta de solución política para el conflicto en la Araucanía, en cambio, lo que recibió no fue un agradecimiento. Qué ganas de que el espíritu hubiera sido también el de mejorar nuestro sistema democrático.

 

Ante la pregunta de por qué se ha preferido la ignorancia, el prejuicio y el desconocimiento en vez de la búsqueda de consensos políticos, cabe recordar que el ejercicio de los derechos de los pueblos indígenas siempre ha estado, al menos en este país, subordinado a la explotación económica. Es así como a la hora de hablar de la Araucanía, la élite política no ofrece más que asistencialismo y policías, resguardo de la propiedad privada. Pero ya esta “estrategia” judicial y policial está agotada, dice Huenchumilla en sus textos. Y nosotros estamos agotados de escucharla.

Voy a citar a Héctor Llaitul, que en una entrevista el año pasado dijo lo siguiente: “Hoy los mapuche somos un pueblo ocupado y vivimos en un régimen de dominación colonial que se expresa concretamente en mantener un Estado de tipo capitalista que está destruyendo nuestro Wallmapu histórico, por lo cual no había posibilidad de llegar a algún acuerdo político que nos pareciera sustantivo en relación a nuestros derechos políticos y territoriales. Los ofrecimientos planteados son institucionales, dádivas, no soluciones de fondo y sólo pretenden perpetuar la dominación, al o más cooptar a la dirigencia que se encamina por la autonomía. ¿Cómo entrar en un diálogo en esos términos? Imposible”.

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Cuesta creer que en el debate actual, conceptos como Estado-Nación y autonomía política tengan tan poca difusión, que haya tan poco entendimiento de qué significan. Este libro, Plurinacionalidad, El nuevo pacto, establece respuestas contundentes a la salida autonomista del pueblo mapuche, al reconocimiento de sus derechos fundamentales, presentes en tantos tratados y convenios internacionales que ha suscrito este país, que no son más que la lucha por ser ciudadanos en igualdad de condiciones y con libertad.

Huenchumilla asegura que el Estado chileno tiene tres misiones pendientes: el sinceramiento y reconocimiento del pueblo mapuche, la política de reparación y un cambio cultural en el país. Son tres desafíos políticos que en este libro pueden encontrar algunas aproximaciones más técnicas o posibles bajadas en camino hacia una solución. Hablan de, por ejemplo, establecer un registro electoral indígena, un parlamento indígena, y buscar formas de entregar las tierras actualmente en manos de las empresas forestales al pueblo mapuche para su administración. No son soluciones, explica él mismo, zanjadas, sino posturas para abrir un debate serio de ideas y de contenidos, algo que tanto se echa de menos en el escenario político actual.

Uno de esos conceptos que Huenchumilla busca potenciar y significar es el de la tan ansiada autonomía, bastión fundamental de la rebelión mapuche. En Escucha Winka, los intelectuales Pablo Mariman, Sergio Caniuqueo, José Millalén y Rodrigo Levil, aseguran que la autonomía representa “una aspiración por recuperar nuestra “soberanía suspendida” con la invasión y conquista de los estados chileno y argentino; ésta es una forma de gobierno, una manera de ejercer una administración propia en nuestros territorios. La autonomía es un instrumento jurídico político para generar gobierno (…), es un dispositivo de control social legitimado por la población”. Algo dijo Huenchumilla sobre la búsqueda del poder mapuche cuando presentó ese libro el 2006 y lo repite hoy en Plurinacionalidad: “desde la ocupación de la Araucanía a la fecha, el mundo mapuche ha sufrido un déficit, pues no ha entendido el importante rol que ha cumplido la política para acumular poder. Y aunque el mundo intelectual mapuche se está abriendo mucho más, lo que es positivo porque el poder intelectual es clave en el desarrollo de las ideas de un pueblo, la política pura, entendida como la lucha por el poder, es algo que el mundo mapuche aún no ha internalizado y que requiere una profunda maduración.” Plantea de esta manera, Huenchumilla, un desafío esta vez para el pueblo mapuche (y creo que corre para todos nosotros). ¿Cómo se vuelve a dotar de contenido la idea de poder? ¿Cómo se recupera la credibilidad y la confianza en un Estado que, dice Huenchumilla, nunca ha sido neutral? ¿Cuando en todos los encuentros con éste, se sale perdiendo?

Muchas gracias

 

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