Algunos apuntes sobre “Plurinacionalidad. El nuevo pacto” de Francisco Huenchumilla

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Texto de Fernando Pairican, director de la colección Pensamiento Mapuche Contemporáneo de Pehuén. “Los que imaginan que Huenchumilla va a descolgar la lanza que ocupó su abuelo en la resistencia a la ocupación no han comprendido las complejidades del personaje. Asimismo, los que ven a un personaje entregado al modelo económico imperante, equivocan su análisis”, dice.

I

Hace veinte años, es decir en 1997, muy pocos imaginaron que la quema de los tres camiones en la zona de Lumaco, modificaría para siempre el contexto histórico y las relaciones de poder entre el Estado y el pueblo mapuche. En particular, con el movimiento político de nuestro pueblo, sembradores de una ideología política que puso nuestros derechos fundamentales como la meta a conquistar. Sin duda fue una rareza, una excepción y un hecho no planificado en ninguna de las cartas de navegación de la consensuada transición democrática de Chile. No obstante, como dice el historiador inglés E.P Thompson, “con ‘rarezas’ como éstas se hace la historia”1.

Una nueva generación de mapuche estaba en pleno proceso de crecimiento para los primeros años de la década de los 90, la que comenzó a brotar con mayor claridad a partir del hito de Lumaco. Esta nueva camada de militantes, entró en la disputa política, posicionando el lenguaje de la resistencia; opacando momentáneamente el lenguaje de la diplomacia y las manifestaciones por derechos que el Aukiñ Wallmapu Ngulam había llevado adelante y encabezado en los primeros siete años de democracia.

En aquel 1997, el entonces presidente de la República, Eduardo Frei, había decidido y aprobado la construcción de la represa Hidroeléctrica Ralco a manos de Endesa, ya en propiedad de capitales españoles. Varias familias pewenche serían “permutadas”, es decir, expropiadas de sus milenarias tierras y enviadas a colonizar otras. Cementerios, árboles y rocas, importantes en la cosmología mapuche, fueron inundados y acabaron por transformar todo el paisaje que los pewenche habían cuidado por más de cien años. El impacto sociocultural era improcedente y acabaron por reflotar las antiguas historias de vulneraciones que sufrieron nuestros abuelos y abuelas a lo largo del siglo XX. El concepto de desconfianza se tomaba nuevamente el escenario.

Sin embargo, había algo aún más profundo: aquel hecho demostraba que los derechos indígenas quedarían supeditados al modelo económico y que serían nuevamente los pueblos originarios los que pagarían los costos del progreso de Chile2. Así, en los albores del siglo XXI, el Estado chileno acabó por actuar como lo habían hecho sus predecesores del siglo XIX.

Con todo, la lectura que los gobiernos de la Concertación no hicieron nunca, era que los pueblos indígenas y en particular el mapuche, vivía profundas transformaciones en distintas aristas de su sociedad. Particularmente en la juventud mapuche de los 90, que hastiadas del racismo, de trabajos precarizados y algunos incorporándose al sistema educacional universitario, comenzaron a cuestionar su propio presente. Sin duda que las explosiones de los movimientos indígenas a nivel continental y la siembra ideológica de los mismos miembros del pueblo mapuche, comenzaban a madurar en las tierras lafkenches, wenteche y pewenche. A este proceso de repolitización en la identidad lo hemos llamado “mapuchización”3.

Un nuevo orgullo mapuche brotaba, sostenido además en la resistencia de las hermanas Quintremañ para defender “su río Bío-Bío”. En poco tiempo, ellas se convirtieron en emblemáticas, comenzó una peregrinación de jóvenes mapuche hacia las entrañas de la cordillera en Alto Bío-Bío. Allá, en las tierras del pewen, escucharon las historias antiguas, de parlamentos firmados directamente con España, de la resistencia a la Ocupación de La Araucanía. Pero también de las atrocidades cometidas por el ejército de Chile y del rol jugado por la cordillera, sirviendo sus bosques como refugio para evitar la cacería del ejército chileno que volvió “victorioso” de la Guerra del Pacífico.  

La Concertación jamás comprendió que su decisión de posicionar los intereses económicos por sobre los derechos indígenas, provocarían una ruptura que hoy, a veinte años, está lejos de reconciliarse.

Aquello por distintos aspectos. En primera instancia, porque el gobierno dinamitó la confianza en la Ley Indígena promulgada en 1993. Si esta ley era la protectora de los derechos indígenas, la edificación de ese muro de cemento en plena cordillera, acabó por demostrar que lo sería, siempre que no se interpusiera al modelo económico. Al mismo tiempo, el gobierno no comprendió que afectaba directamente en las confianzas que los pueblos indígenas habían depositado en 1989 con el candidato Patricio Aylwin, del cual emanó el Acuerdo de Nueva Imperial. El movimiento mapuche que se opuso a la dictadura militar, articulados en Ad Mapu, vio cómo su estrategia política era empujada río abajo con la decisión del gobierno. De alguna manera, un ciclo del movimiento mapuche de carácter autonomista acabó en 1997.

En una tercera perspectiva, llevó a que los mismos mapuche que eran miembros de los partidos políticos gobernantes, comenzasen a ver críticamente estas decisiones, e iniciasen un gradual proceso de acercamiento y simpatía al movimiento mapuche de carácter autonomista. Entre ellos, está el autor de nuestro libro, don Francisco Huenchumilla. El mismo que lograría investirse como diputado ese mismo año de 1997, con el 48,49% de las preferencias e iniciaría un verdadero proceso de conversión hacia la mapuchización de sus ideas políticas.

 En este complejo escenario, un sector mapuche radicalizó su accionar. Incorporó la violencia política como instrumento, modificando el escenario “desde” y “para” el pueblo mapuche. Uno de los pocos que vieron críticamente el tono que tomaron las posiciones políticas fue Huenchumilla. Impulsó como parlamentario una ley de cupos especiales para los pueblos indígenas, pero no fue considerado como una propuesta para inaugurar una nueva democracia. El gobierno y los diputados de mediados de la década de los 90, veían la “cuestión mapuche” como algo de pobreza y por lo tanto de carácter asistencial. Ese proyecto de ley, duerme y está archivado en algún rincón de la biblioteca del Congreso. No obstante, a partir de este episodio, comenzaron sus reflexiones que están sintetizadas en este libro: Plurinacionalidad. El nuevo pacto.

II

Don Francisco Huenchumilla es un político de los antiguos, de esos forjados en plena Guerra Fría que tomaron posiciones de transformaciones radicales siempre manteniendo la democracia como el mejor sistema para llevarlas adelante. Su carrera política ha estado en ese línea, los que imaginan que Huenchumilla va a descolgar la lanza que ocupó su abuelo en la resistencia a la ocupación no han comprendido las complejidades del personaje. Asimismo, los que ven a un personaje entregado al modelo económico imperante, equivocan su análisis. Huenchumilla es humanista, cristiano y democrático. Admirador de Eduardo Frei Montalva y Radomiro Tomic, en las conversaciones que hemos sostenido para este libro, me ha quedado claro que su aspiración a un poco más de sus 70 años de vida, es volver a darle contenido a las palabras como libertad, democracia, derechos y decisión. Des-neoliberalizar estos conceptos, para volcar los principios fundamentales de los Derechos del Hombre que la Revolución Francesa forjó durante el siglo XVIII. ¿Acaso es una contradicción aquello con las demandas del movimiento mapuche? Me parece que no, la demanda mapuche es abiertamente liberal. Huenchumilla lo sabe, como abogado, buscar a partir de la transformación de las leyes y de una educación política “desde arriba”, desde el poder del Estado, construir un Nuevo Pacto que acabe en un Estado Plurinacional.  

Un amigo demócrata cristiano, dirigente de sus juventudes, me confidenció que al interior de su partido, Huenchumilla es visto con admiración, como un símbolo. Sobre todo luego de su paso por la Intendencia y su búsqueda por transformar los derechos para los mapuche en base a los principios democráticos. Desde mi perspectiva, me parece que ello no es extraño, Huenchumilla admira profundamente la Revolución en Libertad de Eduardo Frei, momento histórico que le tocó vivir a los veinte años. De esa generación proviene don Francisco, a ese momento histórico, cuando existía una DC de “avanzada”, como me confidenció. “Una DC de transformaciones”. Para esos años mira Huenchumilla, para el tiempo en que la DC encabezó la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, se chilenizó el cobre, se democratizó el electorado con el ingreso de nuevos sectores sociales al poder de decisión, cuando se crearon las juntas de vecino y se promulgaron las leyes que permitían la sindicalización campesina. ¿Cuál es la tarea pendiente de esa nueva Revolución en Libertad que sueña en los albores del siglo XXI Huenchumilla? El derecho de decisión de los pueblos originarios.

Ello lo vislumbró por primera vez cuando le tocó afrontar la promulgación de la Ley Indígena de 1993, ya en su primer periodo como diputado. En ese momento perdió la batalla para que se declarase la palabra “pueblo” en la Constitución y que se reconociera a los pueblos originarios en la misma. La oposición de la derecha fue total, ya que en sus mentes ese concepto ponía en tensión la unidad de Chile. Huenchumilla señaló que la negativa al reconocimiento constitucional podría afectar la naturaleza democrática de Chile. Luego le tocó afrontar la emergencia política del movimiento mapuche, a partir de 1997, como diputado y como alcalde a partir del año 2002. Participó en la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato, que salió a la luz dos años después. Para aquel tiempo, el gobierno de Ricardo Lagos había decidido aplicar la Ley Antiterrorista al movimiento mapuche, y autoridades tradicionales, como los longkos Pichun y Norin, junto a Patricia Troncoso y el werken Víctor Ancalaf, los primeros presos políticos de conciencia en el año 2003. La emergencia mapuche era criminalizada y establecida como un tema de seguridad pública.

Para Huenchumilla, a diferencia de lo que ha hecho su propio bloque, la solución pasa por abordar políticamente esta demanda. Incorporar en base a los derechos universales el poder de decisión de los pueblos indígenas. A lo largo de este libro, se podrá comprender que, para el ex intendente, la única forma de fortalecer la democracia y no destruirla, es otorgando el derecho a decidir a los pueblos que fueron segregados al momento de la consolidación de la república chilena. De alguna manera, como ha dicho Pedro Cayuqueo en la única biografía que existe sobre el autor de nuestro libro, “la historia de Francisco Huenchumilla Jaramillo, padre mapuche y madre española, es también la historia del conflicto chileno-mapuche al sur del río Bío-Bío. Es la historia del Temuco racista de su infancia, de los colonos y sus clubes con nombres europeos y es la historia de un mapuche ex diputado, subsecretario, ministro, alcalde e intendente que nunca dejaría de sentirse como ‘el negrito de Harvard’”4.

III

Los actores del movimiento mapuche han consensuado la necesidad de posicionar una etapa de diálogo para la solución de este desencuentro. Héctor Llaitul lo ha planteado abiertamente en medios de comunicación, siempre que el diálogo sea en torno a los derechos fundamentales, como la autodeterminación. Un aspecto similar ha emanado de la Asociación de Alcaldes Mapuche (ANCAM), de la Corporación ENAMA y de los miembros de Wallmapuwen. Para qué decir de Aucan Huilicaman, que desde su tribuna internacional no ha parado de repetir hasta el cansancio lo mismo en los últimos diez años. Desde la arista del Estado, los mapuche han planteado la idea de un futuro compartido en base a la creación de un Estado plurinacional. En una reciente entrevista al Director de CONADI, Alberto Pizarro Chañilillo, ha señalado que la discusión que se avecina es el reconocimiento de los pueblos indígenas como “naciones distintas”; pero para llegar a ese momento, se debe dar un paso previo: la participación política efectiva de los pueblos indígenas5.  

Una buena parte de los estados de América Latina han transformado sus estados en plurinacionales para cumplir las normativas internacionales y los deseos emanados de una parte de su población. Bolivia y Ecuador, de alguna manera son hoy los estados más avanzados en materia indígena. Sin embargo, el racismo de algunos actores políticos, los prejuicios que emanan de otros y la percepción cultural de que los miembros de pueblos originarios están incapacitados para tomar decisiones, no permiten romper esta barrera que aún prolonga la segregación.

¿Por qué leer este libro? porque Huenchumilla sabe de política, la olfatea y la ha transformado en el centro su vida. Además, en los últimos treinta años de su propia vida, la emergencia de la lucha de nuestro pueblo ha terminado por complementar su desarrollo identitario, iniciando un proceso de conversión. Él mismo lo ha reconocido en distintas entrevistas, se ha mapuchizado, y por lo tanto, sus reflexiones nutren el debate para la conquista de nuestros derechos humanos, como la autodeterminación.

Además, creo que la lucha mapuche es abiertamente política, y estoy seguro que es la demanda más política que hoy afronta el Estado chileno, pues desafía su constitución como país ya encaminado el siglo XXI. Si lo supera, mejor dicho, si logra superar la barrera de la segregación con los pueblos originarios, heredaremos a las generaciones que nos reemplazarán una sociedad distinta, mucho más pluralista, empoderada en derechos humanos y firmemente democrática. Si no se logra superar dicha barrera, se prolongaran los prejuicios construidos en concepciones raciales, se prolongará la violencia de mapuche y agricultores, así como del Estado. Con ello, las posibilidades de que el fundamentalismo étnico se apodere de la discusión y de su accionar político.

Muchos van a discrepar de los postulados que expone Huenchumilla. Algunos serán mapuche de algunas de las organizaciones rupturistas, y otros agricultores de La Araucanía, estos últimos nostálgicos de un pasado reciente en que nuestras abuelas y abuelos debían llamarlos “patroncitos”. Pero justamente, esto es lo que buscamos como Colección de Pensamiento Mapuche Contemporáneo, provocar discrepancias y debate. Ya que de ellas surgen las reflexiones y el pensamiento crítico. En simples palabras, de la libertad de expresión y la libertad de plantear ideas en momentos que los absolutos y los slogan se apoderan de las discusiones de nuestra sociedad.

Algunos compartirán estos planteamientos, verán una ruta, un camino para construir un nuevo Estado, capaz de garantizar los derechos universales de sus ciudadanos. Con ello, construir en nuevo tipo de sociedad para el siglo XXI. Honestamente, me parece que es un libro que debería ser leído por los militantes del movimiento autodeterminista, pues Huenchumilla, también hace un desafío al mismo movimiento, a construir un poder político para doblegar a los que se oponen a nuestros derechos fundamentales. Ha sido para él, la carencia de este poder lo que ha llevado al movimiento mapuche a las cárceles y a la pérdida de hegemonía en el debate público, entre otras razones. Las mismas divisiones internas, la ritualización de la violencia política como instrumento, pero sobre todo el cambio cultural en que han nacido los mapuche de fines de los 90’ y principios del siglo XXI, es lo que los actores del movimiento mapuche autonomista no han visto ni reflexionado; a veces tampoco esto ha sido considerado por nuestras mismas dirigencias. Tal vez, este libro sirva para el debate tanto a chilenos como mapuche.

Cierro con unas palabras que el mismo autor ha extendido para los mapuche: “Nosotros tenemos que cambiar la mentalidad de nuestra gente, hacerle entender lo que significa el poder político para el pueblo mapuche. Si no se logra esto va a ser muy difícil progresar como pueblo y seguiremos demandando tierras y ayuda social, lo que no es solución. Es parte de la solución, pero no es el fondo del problema. El fondo es de carácter político y tiene que ver con la disputa de poder”6.

Fernando Pairican, rimü 2017

 

 

 

 

1 Thompson E.P, William Morris. De romántico a revolucionario. Ediciones Alfons el magnanim, Valencia, España, 1988. p. 284.

 

2 Yáñez, Nancy y Aylwin, José (coord.), El gobierno de Lagos, los pueblos indígenas y “el nuevo trato”. Las paradojas de la democracia chilena. Lom Ediciones, 2006.

 

3 Malon. La rebelión del movimiento mapuche 1990-2013. Pehuén Editores, 2014.

 

4 Pedro Cayuqueo, Huenchumilla. La historia del hombre de oro. Ediciones Catalonia, 2015. p 18.

 

5 Domingo Namuncura y otros, Nueva Constitución y pueblos indígenas. Pehuén Editores, 2016; La Tercera, “Un debate pendiente es la gratuidad en la educación para quienes son indígenas”. 7 de mayo de 2017. p. 4.

 

 

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6 Pedro Cayuqueo, Huenchumilla. La historia del hombre de oro. Ediciones Catalonia, 2015. p 150.

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