Des/armando la memoria: presentación del libro “Mujeres en el MIR”

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“No intentamos unificar el pasado, sino que lo presentamos con la diversidad que nuestros recuerdos tienen, y, sobre todo desde la diversidad que somos como grupo. Lo común está a la vista, somos mujeres, madres, militantes, compañeras, intensas”, nos dice Patricia Flores, autora del libro junto a Margarita Fernández, Viviana Uribe y Teresa Lastra.

Hace dos años un grupo pequeño, con una historia común de luchas decidimos emprender un ejercicio de memoria, acompañadas de Nubia, maestra y compañera a quien agradecemos su compañía en este camino. De esa decisión nace este libro que presentamos hoy.

Como grupo nos ha interesado poner el acento en el carácter de lo escrito como ejercicio de memoria y no como intento de escribir un texto histórico sobre una etapa de MIR. Es así como lo que hacemos llegar a quien lo lea, es fruto de aquello que constituyen recuerdos de un pasado vivido, de situaciones y acontecimientos experimentados en nuestros cuerpos y en nuestras emociones, coincidiendo de este modo con el filósofo Pierre Nora quien señala que “la memoria por naturaleza es afectiva, emotiva, abierta a todas las transformaciones, inconsciente de sus sucesivas transformaciones, susceptible de permanecer latente durante largos periodos y de bruscos despertares”.

Estas palabras representan de algún modo nuestro proceso. Ha sido ésta una búsqueda hacia adentro de nuestras memorias encontrando aquello que ha permanecido, aunque a veces no lo supiéramos, y que en el ejercicio colectivo se ha despertado. O, también ha sido un ejercicio de poner esos recuerdos que han estado siempre muy vívidos, que jamás se han dormido, en palabra escrita. Y esto no ha sido fácil. Durante el proceso de escritura muchas veces hemos sentido que las palabras son insuficientes y hemos vestido el recuerdo con la vestimenta que mejor le pudiera quedar, para que exprese en todas sus dimensiones lo vivido, y transmitirlo así con la mayor cercanía posible a su significado y a los sentidos que tuvo vivir el tiempo que en palabras hoy ponemos en vuestras manos.

Nuestra querida Carmen señala en el prólogo: “más que entregar recuerdos, este libro nos hace recordar: la memoria circula por nuestra sangre, calienta el deseo de justicia y libertad que nadie ni nada puede borrar”.

Que maravilloso sería si estos textos logran lo que ella nos dice: hacer recordar, alimentar la memoria colectiva, que es la forma en que ella se expresa y se construye. Ojalá la historia, al ser recogida, registrada, investigada y escrita, acuda a esta fuente, a la memoria, con lo mágico e interpretativo que tiene y que permite decir mucho más. En este sentido la memoria es un derecho, la memoria es un deber y la memoria es un arma que aporta a vencer la colonización a la que nos pretende subordinar la historia oficial.

La memoria colectiva tiene las más diversas interpretaciones sobre el pasado. En el ejercicio desarrollado en estos dos años, hemos recordado en común, un hecho, unas palabras, alguien que conocimos y fue traído por la memoria, hacía emanar un torrente de recuerdos que se iban encadenando en las conversaciones de cada encuentro del taller.

Cada una de nosotras escribió desde su propia historia vital y plasmó la interpretación individual de ella, es así que no intentamos unificar el pasado, sino lo presentamos con la diversidad que nuestros recuerdos tienen, y, sobre todo desde la diversidad que somos como grupo. Desde lo común está a la vista, somos mujeres, madres, militantes, compañeras, intensas.

Pero también somos diferentes, particulares cada una como lo es Margarita, querida, unificadora, tierna y reflexiva. Su palabra fluye con dulzura, buscando entender y darse a entender. Tiene rabias que no agreden pero que son expresivas, hay cosas cotidianas de las que a veces se sustrae pues su pensamiento se fija en otras dimensiones y en ese sentido, pareciera “volada”. Sin embargo, ve más que las demás, porque es capaz de dialogar con entidades que escapan a la pura materialidad con la que nos relacionamos permanentemente.

Por otro lado, Viviana, especial pero sencilla, expresiva y alegre. Mandando a la mesa sus convicciones más profundas desde un “no sé, a lo mejor me equivoco”. Fiel amiga, gran conversadora, capaz de emprender las tareas más duras y arriesgadas con elegancia y sutileza. También comprensiva de las penas y debilidades de sus semejantes, para quien siempre encuentra razones de sus hechos.

“Los destinos de estas mujeres”, nos dice Carmen en el prólogo, “perseveran, en la larga duración, en el compromiso por un mundo justo, libre, digno, insertas siempre en diferentes frentes de luchas”

Queridos amigos, queridas amigas; nacimos chicharras, esperamos morir cantando.

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